Un camino ancestral puede conservar siglos de historia y perder una parte irremplazable de ella en unos pocos minutos. Circular en motocicleta por una senda arqueológica puede remover su superficie, alterar los desagües y desencadenar una erosión que continuará después de que el vehículo se haya retirado. El daño también alcanza a quienes necesitan ese camino para vivir y trabajar.
Un camino que sigue siendo parte de la vida
Los caminos incas fueron construidos o acondicionados para el tránsito
de personas y caravanas de llamas. En las laderas, los zigzags permitían
superar los desniveles mediante recorridos de pendiente más suave. Los muros
sostenían el camino y los drenajes ayudaban a evacuar el agua para evitar que
lo erosionara.
Una senda de tierra también puede ser patrimonio arqueológico. Su
importancia no depende de que tenga grandes construcciones ni de que parezca un
monumento. El trazado y su relación con el paisaje forman parte de lo que
debemos conservar.
Para muchas familias de los cerros, estos caminos siguen siendo vías de
comunicación activas. También vinculan lugares de memoria, espacios de trabajo
y sitios de significación espiritual. Quien llega de visita debe reconocer esos
usos y respetar a quienes viven allí.
Cómo una huella se convierte en una cárcava
La ingeniería de los caminos de montaña atendió especialmente al
comportamiento del agua. Según el terreno, los constructores recurrieron a
empedrados y pequeños muros transversales que desviaban el agua hacia la
ladera, evitando que circulara por el centro de la senda.
El tránsito de motocicletas puede alterar ese funcionamiento de varias
maneras.
Las ruedas remueven el suelo. Al acelerar, frenar o patinar, los neumáticos con
tacos desprenden partículas y desplazan materiales. El paso repetido puede
profundizar las huellas y compactar sectores del terreno. Esa compactación
puede reducir la cantidad de agua que penetra en el suelo y aumentar la que
escurre por su superficie.

Las ruedas de las motocicletas remueven el suelo y
dejan surcos que pueden concentrar el agua de lluvia.
Las huellas concentran el agua. Una marca a lo largo del camino puede convertirse en
un pequeño canal. Con las lluvias, el agua arrastra el material removido y
profundiza el surco hasta formar una cárcava, una zanja de erosión que
dificulta o impide el paso. La intensidad del proceso depende del suelo, la
pendiente, las lluvias y la reiteración del tránsito.

Infografía ilustrativa elaborada por Christian Vitry con asistencia de
inteligencia artificial (ChatGPT, OpenAI), 2026. Representa una secuencia
conceptual de erosión; no corresponde a fotografías de un mismo lugar.
Los atajos cortan las laderas. Cuando se atraviesan los zigzags en línea recta, se
remueve la cobertura del suelo y se crean huellas que conducen el agua
pendiente abajo. La erosión puede entonces cortar transversalmente el camino.
Si después se abre otro atajo para evitar la zanja, el deterioro se extiende.

Elaboración de Christian Vitry con asistencia de inteligencia artificial
(ChatGPT, OpenAI), 2026, a partir de una imagen de Google Earth y del trazado
del camino ancestral identificado por el autor. Créditos de la imagen base:
Google y CNES/Airbus.
Las curvas y los bordes pierden su forma. En las curvas cerradas, las maniobras y la apertura
de variantes pueden modificar el trazado original y generar surcos por donde
después circulará el agua.

Al fondo se distingue la curva original del camino. En primer plano, las
variantes abiertas por las motocicletas alteran el trazado y presentan surcos
de erosión.
Los muros y drenajes pueden perder estabilidad. El paso sobre bordes frágiles, el desplazamiento de
piedras y la erosión del suelo que sostiene los muros favorecen su deterioro.
Los dispositivos que desvían el agua dejan de cumplir su función cuando se
rompen o se desarman para facilitar el paso de un vehículo.

Izquierda: muro de contención deteriorado, vulnerable al tránsito sobre
el borde del camino. Derecha: drenaje transversal con lajas desplazadas por el
paso de motocicletas, que dificultan su función de desviar el agua hacia la
ladera.
En nuestros trabajos de conservación en Salta, en el tramo del Qhapaq
Ñan que une la Quebrada del Toro con el Valle Calchaquí, hemos registrado
cambios de trazado y zanjas de hasta tres metros de profundidad. El deterioro
documentado en sectores de Las Capillas muestra la magnitud que puede alcanzar
este proceso.

Izquierda: variante del camino abierta por
motociclistas. Estas huellas pueden concentrar el agua y favorecer la formación
de cárcavas, como la que se observa a la derecha durante los trabajos de
conservación.
Entre 2018 y 2019, la provincia de Salta realizó trabajos de
conservación en caminos incas de la Quebrada del Toro y el Valle Calchaquí,
junto con las comunidades locales. Recuperar estos sectores exigió
conocimientos, esfuerzo y recursos públicos. Dañarlos nuevamente significa
desconocer ese trabajo y obligar a la sociedad a afrontar reparaciones que
podrían evitarse.
Una huella puede parecer pequeña, pero modifica el terreno y facilita
daños posteriores. Una vez alterado el drenaje, la lluvia puede seguir
erosionando el camino aunque ya no pase ninguna motocicleta.

Cárcavas que cortan o siguen el recorrido del camino. Las huellas de
motocicletas favorecen la concentración del agua, cuya acción erosiva
profundiza las zanjas.

Integrantes de las comunidades locales, articuladas a través de la Unidad de Gestión Local del Qhapaq Ñan Tastil, durante los trabajos de conservación.
En 2019, la
Subsecretaría de Patrimonio Cultural realizó tareas de conservación y
restauración a lo largo de 25 kilómetros de caminos incas.

En 2019, durante los
trabajos de restauración, un grupo de motociclistas desoyó nuestras
indicaciones de regresar y la advertencia sobre la prohibición de circular.
Continuaron campo traviesa para eludir al equipo que trabajaba en el camino.
El verano exige extremar la prevención
La proximidad del verano obliga a extremar los cuidados. La Organización
Meteorológica Mundial prevé que El Niño persista hasta febrero de 2027. Sus
efectos sobre las lluvias varían entre regiones, por lo que es necesario
atender a los pronósticos locales y prevenir daños evitables.
En los cerros, las lluvias intensas pueden profundizar las cárcavas y
desencadenar deslizamientos o flujos de barro y piedras, conocidos
habitualmente como aludes. Pueden cortar accesos, afectar viviendas y poner en
peligro a sus habitantes. Las huellas, los atajos y los drenajes deteriorados
por las motocicletas pueden concentrar el agua y agravar la erosión. Aunque no
explican por sí solos cualquier alud, alteran el terreno antes de la temporada
de lluvias. Evitar ese deterioro también es cuidar a quienes viven aguas abajo.
El daño afecta a los pobladores y al paisaje
Cuando una senda se vuelve una zanja, los pobladores deben enfrentar
recorridos más difíciles y peligrosos. La reparación exige trabajo
especializado, traslados y recursos que podrían destinarse a otras necesidades
de conservación.
El ruido y la proximidad de los vehículos también pueden espantar al
ganado y perturbar a la fauna. Hemos recogido testimonios de pobladores sobre
animales que se alejaron o se despeñaron tras el paso de motocicletas. En
sendas estrechas, espantar a un caballo puede poner en peligro a quien lo
monta. Las familias de los cerros tienen derecho a que se respeten sus caminos
y sus actividades. Una salida recreativa no justifica imponerles riesgos o
costos a otros.
Cuidar los caminos también protege el turismo local
Los pobladores de los parajes se están preparando y capacitando, con
recursos propios y mucho esfuerzo, para ofrecer trekking y cabalgatas. Estas
actividades necesitan caminos conservados, seguridad y respeto por los ritmos
del lugar. El endurismo por esas mismas sendas resulta incompatible con esas
condiciones. El deterioro compromete el trabajo de quienes buscan generar
ingresos mediante un turismo vinculado con su territorio. Cuidar el camino
también significa respetar ese esfuerzo y sus oportunidades de desarrollo.
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Aspecto afectado |
Qué ocurre |
Qué consecuencias tiene |
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Trazado original |
Se cortan curvas y se abren variantes. |
Se modifica el recorrido histórico y aparecen nuevas huellas. |
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Laderas y zigzags |
Los atajos atraviesan directamente la pendiente. |
El agua puede profundizar esas huellas y formar zanjas que cortan el
camino. |
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Superficie del camino |
Las ruedas remueven el suelo y dejan surcos. |
La lluvia se concentra en ellos y acelera la erosión. |
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Muros de contención |
Se desplazan piedras y se deterioran los bordes y sus apoyos. |
Los muros pueden perder estabilidad y derrumbarse. |
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Drenajes |
Se rompen o desarman los dispositivos que desvían el agua. |
El agua circula por el camino y aumenta su deterioro. |
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Animales y pobladores |
El ruido puede espantar al ganado y perturbar a la fauna. |
Se generan riesgos para los animales y las personas que transitan por
los cerros. |
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Turismo local |
Se deterioran las sendas y se producen encuentros riesgosos con
caminantes y cabalgatas. |
Se perjudican la seguridad y las oportunidades de trabajo de las
comunidades. |
Una huella puede iniciar un daño que las lluvias continúan y agravan.
Un compromiso entre siete provincias y seis países
Desde 2014, el Qhapaq Ñan Sistema Vial Andino integra la Lista del
Patrimonio Mundial de la UNESCO. Lo componen caminos y sitios distribuidos en
Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. En nuestro país participan
Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza. Salta comparte
este compromiso con otras seis provincias y Argentina con otros cinco países.
Integrar la Lista del Patrimonio Mundial constituye uno de los más altos
reconocimientos internacionales al valor de un bien cultural. El Qhapaq Ñan
comparte esa distinción con las pirámides de Guiza, en Egipto; la Acrópolis de
Atenas, en Grecia; el Taj Mahal, en la India; y Machu Picchu, en Perú.
Entre las razones de este reconocimiento mundial están también los
valores que las comunidades mantienen vivos alrededor del camino: sus saberes,
sus creencias, sus formas de ayudarse y su relación con la tierra. Son
conocimientos y maneras de vivir que pasan de abuelos a nietos y que encuentran
en estas sendas un vínculo entre generaciones. Por eso, cuando cuidamos el
Qhapaq Ñan, cuidamos también a quienes lo habitan y lo sienten parte de su
historia. Dañar el camino afecta esa vida compartida, la memoria de quienes lo
recorrieron antes y la posibilidad de que sus hijos sigan haciéndolo mañana.
Aunque un tramo de nuestros caminos pueda parecer una sencilla senda de
tierra y piedras, forma parte de un bien cuya importancia trasciende las
fronteras nacionales. Su aparente sencillez no disminuye su valor ni nuestra
responsabilidad. Dañar uno de sus componentes empobrece el conjunto. Esta
distinción exige conservarlo para las generaciones futuras, con obligaciones
para los Estados y una responsabilidad de cuidado que nos involucra a todos.
Qué establece la protección legal
La protección de estos bienes existía antes de la inscripción de 2014.
El reconocimiento de la UNESCO se suma a las obligaciones establecidas por las
normas nacionales, provinciales y locales.
La Constitución Nacional, en su artículo 41, reconoce el derecho a un
ambiente sano y el deber de preservarlo, y encomienda a las autoridades la
preservación del patrimonio natural y cultural.
La Ley Nacional 25.743 protege el patrimonio arqueológico en todo el
país, incluidos los caminos que permiten conocer a las sociedades del pasado.
Prevé sanciones por las infracciones que regula y consecuencias penales para
determinadas conductas, según las circunstancias de cada caso.
En Salta, la Ley 6649 coloca el patrimonio cultural bajo la guarda del
Estado provincial, exige autorización para la utilización de sitios históricos
y arqueológicos y establece que el carácter patrimonial de un bien tiene
prioridad sobre su carácter turístico.
El Decreto Nacional 2043/2014 declaró Monumento Histórico Nacional al
Qhapaq Ñan Argentina y sus sitios asociados, en los tramos y subtramos
identificados en su anexo.
En Campo Quijano, la Ordenanza Municipal 11/15, aprobada por unanimidad
el 20 de agosto de 2015, prohíbe la circulación de motocicletas, triciclos,
cuatriciclos y otros vehículos motorizados que puedan dañar los caminos
ancestrales y de uso situados fuera de las rutas provinciales o nacionales del
municipio. Comprende también caminos de uso local, además de los tramos
reconocidos como Patrimonio Mundial.
Su artículo 2 dispone la señalización de los sectores comprendidos.
Entre Campo Quijano y Tastil existen cuatro carteles que informan sobre la
prohibición de circular con motocicletas por determinados caminos.
El artículo 3 establece una multa equivalente al valor de 300 litros de
nafta súper o premium, u otra similar comercializada en el mercado interno. En
caso de reincidencia, son 600 litros más el secuestro del vehículo, que se
devuelve una vez acreditado el pago. La sanción busca desalentar una conducta
cuyo costo recae sobre toda la sociedad. Pagar una multa tampoco devuelve los
materiales originales ni la información histórica perdida.
La prohibición concreta surge de las normas aplicables a cada lugar. La
ausencia de una barrera, de un cartel o de un agente de control no constituye
una autorización.
Un patrimonio de todos que exige responsabilidades
concretas
Cuando decimos que el patrimonio es de todos, afirmamos que su valor y
conservación conciernen al conjunto de la sociedad. La Ley 25.743 establece que
los bienes arqueológicos son del dominio público estatal. Esa condición debe
servir al interés colectivo y a su transmisión a las generaciones futuras.
El Estado tiene obligaciones de protección, señalización, control y
actuación frente a los daños. La responsabilidad compartida exige que las
cumpla y que dé participación a las comunidades locales. Cada visitante, a su
vez, debe informarse y respetar las restricciones, incluso cuando no haya
vigilancia.
Los clubes, organizadores de salidas, guías y operadores turísticos
deben verificar los circuitos antes de promoverlos, excluir sectores prohibidos
y explicar a sus grupos por qué deben cuidarlos. Publicar un recorrido en una
aplicación o encontrar huellas de otras motos no lo convierte en un circuito
habilitado.
Quien practica motociclismo puede elegir recorridos expresamente
habilitados y compatibles con la conservación. Ante una duda, corresponde
consultar a las autoridades competentes y a las comunidades antes de ingresar,
respetando las normas y los derechos de quienes habitan el territorio.
Si observamos daños o circulación en sectores prohibidos, podemos
registrar el lugar, la fecha y lo ocurrido desde una posición segura, y
comunicarlo a la autoridad patrimonial (Subsecretaría de Patrimonio Cultural,
Caseros 962), al municipio o a la policía. La reparación debe quedar en manos
de equipos autorizados: mover piedras o improvisar desvíos puede agravar el
problema.
Quien disfruta de recorrer la montaña puede comprender lo que significa
perder un camino que otros construyeron, utilizaron y cuidaron durante
generaciones. Conocer el daño obliga a revisar nuestras decisiones. Respetar
una restricción permite que el camino siga disponible para sus habitantes y
para quienes vendrán después.
El patrimonio es de todos. Eso nos da el derecho a conocerlo y la
responsabilidad de cuidarlo. En los caminos donde la circulación motorizada
está prohibida, la conducta que corresponde es clara: no ingresar con
vehículos.
Texto: Christian Vitry (Director General de Preservación e Investigación. Subsecretaría de Patrimonio Cultural. Secretaría de Cultura. Gobierno de Salta).
Fotografías: Christian Vitry y Programa Qhapaq Ñan Salta.