miércoles, 28 de octubre de 2026

CAMINOS ANCESTRALES Y MOTOCICLETAS: UN DAÑO QUE NOS AFECTA A TODOS

Un camino ancestral puede conservar siglos de historia y perder una parte irremplazable de ella en unos pocos minutos. Circular en motocicleta por una senda arqueológica puede remover su superficie, alterar los desagües y desencadenar una erosión que continuará después de que el vehículo se haya retirado. El daño también alcanza a quienes necesitan ese camino para vivir y trabajar.

Un camino que sigue siendo parte de la vida

Los caminos incas fueron construidos o acondicionados para el tránsito de personas y caravanas de llamas. En las laderas, los zigzags permitían superar los desniveles mediante recorridos de pendiente más suave. Los muros sostenían el camino y los drenajes ayudaban a evacuar el agua para evitar que lo erosionara.

Una senda de tierra también puede ser patrimonio arqueológico. Su importancia no depende de que tenga grandes construcciones ni de que parezca un monumento. El trazado y su relación con el paisaje forman parte de lo que debemos conservar.

Para muchas familias de los cerros, estos caminos siguen siendo vías de comunicación activas. También vinculan lugares de memoria, espacios de trabajo y sitios de significación espiritual. Quien llega de visita debe reconocer esos usos y respetar a quienes viven allí.

Cómo una huella se convierte en una cárcava

La ingeniería de los caminos de montaña atendió especialmente al comportamiento del agua. Según el terreno, los constructores recurrieron a empedrados y pequeños muros transversales que desviaban el agua hacia la ladera, evitando que circulara por el centro de la senda.

El tránsito de motocicletas puede alterar ese funcionamiento de varias maneras.

 

Las ruedas remueven el suelo. Al acelerar, frenar o patinar, los neumáticos con tacos desprenden partículas y desplazan materiales. El paso repetido puede profundizar las huellas y compactar sectores del terreno. Esa compactación puede reducir la cantidad de agua que penetra en el suelo y aumentar la que escurre por su superficie.

 

Las ruedas de las motocicletas remueven el suelo y dejan surcos que pueden concentrar el agua de lluvia.


Las huellas concentran el agua. Una marca a lo largo del camino puede convertirse en un pequeño canal. Con las lluvias, el agua arrastra el material removido y profundiza el surco hasta formar una cárcava, una zanja de erosión que dificulta o impide el paso. La intensidad del proceso depende del suelo, la pendiente, las lluvias y la reiteración del tránsito.

 

Infografía ilustrativa elaborada por Christian Vitry con asistencia de inteligencia artificial (ChatGPT, OpenAI), 2026. Representa una secuencia conceptual de erosión; no corresponde a fotografías de un mismo lugar.

 

Los atajos cortan las laderas. Cuando se atraviesan los zigzags en línea recta, se remueve la cobertura del suelo y se crean huellas que conducen el agua pendiente abajo. La erosión puede entonces cortar transversalmente el camino. Si después se abre otro atajo para evitar la zanja, el deterioro se extiende.

 

Elaboración de Christian Vitry con asistencia de inteligencia artificial (ChatGPT, OpenAI), 2026, a partir de una imagen de Google Earth y del trazado del camino ancestral identificado por el autor. Créditos de la imagen base: Google y CNES/Airbus.

 

Las curvas y los bordes pierden su forma. En las curvas cerradas, las maniobras y la apertura de variantes pueden modificar el trazado original y generar surcos por donde después circulará el agua.

Al fondo se distingue la curva original del camino. En primer plano, las variantes abiertas por las motocicletas alteran el trazado y presentan surcos de erosión.

 

Los muros y drenajes pueden perder estabilidad. El paso sobre bordes frágiles, el desplazamiento de piedras y la erosión del suelo que sostiene los muros favorecen su deterioro. Los dispositivos que desvían el agua dejan de cumplir su función cuando se rompen o se desarman para facilitar el paso de un vehículo.

 

Izquierda: muro de contención deteriorado, vulnerable al tránsito sobre el borde del camino. Derecha: drenaje transversal con lajas desplazadas por el paso de motocicletas, que dificultan su función de desviar el agua hacia la ladera.

 

En nuestros trabajos de conservación en Salta, en el tramo del Qhapaq Ñan que une la Quebrada del Toro con el Valle Calchaquí, hemos registrado cambios de trazado y zanjas de hasta tres metros de profundidad. El deterioro documentado en sectores de Las Capillas muestra la magnitud que puede alcanzar este proceso.

 

Izquierda: variante del camino abierta por motociclistas. Estas huellas pueden concentrar el agua y favorecer la formación de cárcavas, como la que se observa a la derecha durante los trabajos de conservación.

 

Entre 2018 y 2019, la provincia de Salta realizó trabajos de conservación en caminos incas de la Quebrada del Toro y el Valle Calchaquí, junto con las comunidades locales. Recuperar estos sectores exigió conocimientos, esfuerzo y recursos públicos. Dañarlos nuevamente significa desconocer ese trabajo y obligar a la sociedad a afrontar reparaciones que podrían evitarse.

Una huella puede parecer pequeña, pero modifica el terreno y facilita daños posteriores. Una vez alterado el drenaje, la lluvia puede seguir erosionando el camino aunque ya no pase ninguna motocicleta.

 

 

Cárcavas que cortan o siguen el recorrido del camino. Las huellas de motocicletas favorecen la concentración del agua, cuya acción erosiva profundiza las zanjas.

 

  

Integrantes de las comunidades locales, articuladas a través de la Unidad de Gestión Local del Qhapaq Ñan Tastil, durante los trabajos de conservación. 


En 2019, la Subsecretaría de Patrimonio Cultural realizó tareas de conservación y restauración a lo largo de 25 kilómetros de caminos incas.

En 2019, durante los trabajos de restauración, un grupo de motociclistas desoyó nuestras indicaciones de regresar y la advertencia sobre la prohibición de circular. Continuaron campo traviesa para eludir al equipo que trabajaba en el camino.

El verano exige extremar la prevención

La proximidad del verano obliga a extremar los cuidados. La Organización Meteorológica Mundial prevé que El Niño persista hasta febrero de 2027. Sus efectos sobre las lluvias varían entre regiones, por lo que es necesario atender a los pronósticos locales y prevenir daños evitables.

En los cerros, las lluvias intensas pueden profundizar las cárcavas y desencadenar deslizamientos o flujos de barro y piedras, conocidos habitualmente como aludes. Pueden cortar accesos, afectar viviendas y poner en peligro a sus habitantes. Las huellas, los atajos y los drenajes deteriorados por las motocicletas pueden concentrar el agua y agravar la erosión. Aunque no explican por sí solos cualquier alud, alteran el terreno antes de la temporada de lluvias. Evitar ese deterioro también es cuidar a quienes viven aguas abajo.

El daño afecta a los pobladores y al paisaje

Cuando una senda se vuelve una zanja, los pobladores deben enfrentar recorridos más difíciles y peligrosos. La reparación exige trabajo especializado, traslados y recursos que podrían destinarse a otras necesidades de conservación.

El ruido y la proximidad de los vehículos también pueden espantar al ganado y perturbar a la fauna. Hemos recogido testimonios de pobladores sobre animales que se alejaron o se despeñaron tras el paso de motocicletas. En sendas estrechas, espantar a un caballo puede poner en peligro a quien lo monta. Las familias de los cerros tienen derecho a que se respeten sus caminos y sus actividades. Una salida recreativa no justifica imponerles riesgos o costos a otros.

Cuidar los caminos también protege el turismo local

Los pobladores de los parajes se están preparando y capacitando, con recursos propios y mucho esfuerzo, para ofrecer trekking y cabalgatas. Estas actividades necesitan caminos conservados, seguridad y respeto por los ritmos del lugar. El endurismo por esas mismas sendas resulta incompatible con esas condiciones. El deterioro compromete el trabajo de quienes buscan generar ingresos mediante un turismo vinculado con su territorio. Cuidar el camino también significa respetar ese esfuerzo y sus oportunidades de desarrollo.

 

Aspecto afectado

Qué ocurre

Qué consecuencias tiene

Trazado original

Se cortan curvas y se abren variantes.

Se modifica el recorrido histórico y aparecen nuevas huellas.

Laderas y zigzags

Los atajos atraviesan directamente la pendiente.

El agua puede profundizar esas huellas y formar zanjas que cortan el camino.

Superficie del camino

Las ruedas remueven el suelo y dejan surcos.

La lluvia se concentra en ellos y acelera la erosión.

Muros de contención

Se desplazan piedras y se deterioran los bordes y sus apoyos.

Los muros pueden perder estabilidad y derrumbarse.

Drenajes

Se rompen o desarman los dispositivos que desvían el agua.

El agua circula por el camino y aumenta su deterioro.

Animales y pobladores

El ruido puede espantar al ganado y perturbar a la fauna.

Se generan riesgos para los animales y las personas que transitan por los cerros.

Turismo local

Se deterioran las sendas y se producen encuentros riesgosos con caminantes y cabalgatas.

Se perjudican la seguridad y las oportunidades de trabajo de las comunidades.

Una huella puede iniciar un daño que las lluvias continúan y agravan.

 

Un compromiso entre siete provincias y seis países

Desde 2014, el Qhapaq Ñan Sistema Vial Andino integra la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Lo componen caminos y sitios distribuidos en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. En nuestro país participan Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza. Salta comparte este compromiso con otras seis provincias y Argentina con otros cinco países.

Integrar la Lista del Patrimonio Mundial constituye uno de los más altos reconocimientos internacionales al valor de un bien cultural. El Qhapaq Ñan comparte esa distinción con las pirámides de Guiza, en Egipto; la Acrópolis de Atenas, en Grecia; el Taj Mahal, en la India; y Machu Picchu, en Perú.

Entre las razones de este reconocimiento mundial están también los valores que las comunidades mantienen vivos alrededor del camino: sus saberes, sus creencias, sus formas de ayudarse y su relación con la tierra. Son conocimientos y maneras de vivir que pasan de abuelos a nietos y que encuentran en estas sendas un vínculo entre generaciones. Por eso, cuando cuidamos el Qhapaq Ñan, cuidamos también a quienes lo habitan y lo sienten parte de su historia. Dañar el camino afecta esa vida compartida, la memoria de quienes lo recorrieron antes y la posibilidad de que sus hijos sigan haciéndolo mañana.

Aunque un tramo de nuestros caminos pueda parecer una sencilla senda de tierra y piedras, forma parte de un bien cuya importancia trasciende las fronteras nacionales. Su aparente sencillez no disminuye su valor ni nuestra responsabilidad. Dañar uno de sus componentes empobrece el conjunto. Esta distinción exige conservarlo para las generaciones futuras, con obligaciones para los Estados y una responsabilidad de cuidado que nos involucra a todos.

Qué establece la protección legal

La protección de estos bienes existía antes de la inscripción de 2014. El reconocimiento de la UNESCO se suma a las obligaciones establecidas por las normas nacionales, provinciales y locales.

La Constitución Nacional, en su artículo 41, reconoce el derecho a un ambiente sano y el deber de preservarlo, y encomienda a las autoridades la preservación del patrimonio natural y cultural.

La Ley Nacional 25.743 protege el patrimonio arqueológico en todo el país, incluidos los caminos que permiten conocer a las sociedades del pasado. Prevé sanciones por las infracciones que regula y consecuencias penales para determinadas conductas, según las circunstancias de cada caso.

En Salta, la Ley 6649 coloca el patrimonio cultural bajo la guarda del Estado provincial, exige autorización para la utilización de sitios históricos y arqueológicos y establece que el carácter patrimonial de un bien tiene prioridad sobre su carácter turístico.

El Decreto Nacional 2043/2014 declaró Monumento Histórico Nacional al Qhapaq Ñan Argentina y sus sitios asociados, en los tramos y subtramos identificados en su anexo.

En Campo Quijano, la Ordenanza Municipal 11/15, aprobada por unanimidad el 20 de agosto de 2015, prohíbe la circulación de motocicletas, triciclos, cuatriciclos y otros vehículos motorizados que puedan dañar los caminos ancestrales y de uso situados fuera de las rutas provinciales o nacionales del municipio. Comprende también caminos de uso local, además de los tramos reconocidos como Patrimonio Mundial.

Su artículo 2 dispone la señalización de los sectores comprendidos. Entre Campo Quijano y Tastil existen cuatro carteles que informan sobre la prohibición de circular con motocicletas por determinados caminos.

El artículo 3 establece una multa equivalente al valor de 300 litros de nafta súper o premium, u otra similar comercializada en el mercado interno. En caso de reincidencia, son 600 litros más el secuestro del vehículo, que se devuelve una vez acreditado el pago. La sanción busca desalentar una conducta cuyo costo recae sobre toda la sociedad. Pagar una multa tampoco devuelve los materiales originales ni la información histórica perdida.

La prohibición concreta surge de las normas aplicables a cada lugar. La ausencia de una barrera, de un cartel o de un agente de control no constituye una autorización.

Un patrimonio de todos que exige responsabilidades concretas

Cuando decimos que el patrimonio es de todos, afirmamos que su valor y conservación conciernen al conjunto de la sociedad. La Ley 25.743 establece que los bienes arqueológicos son del dominio público estatal. Esa condición debe servir al interés colectivo y a su transmisión a las generaciones futuras.

El Estado tiene obligaciones de protección, señalización, control y actuación frente a los daños. La responsabilidad compartida exige que las cumpla y que dé participación a las comunidades locales. Cada visitante, a su vez, debe informarse y respetar las restricciones, incluso cuando no haya vigilancia.

Los clubes, organizadores de salidas, guías y operadores turísticos deben verificar los circuitos antes de promoverlos, excluir sectores prohibidos y explicar a sus grupos por qué deben cuidarlos. Publicar un recorrido en una aplicación o encontrar huellas de otras motos no lo convierte en un circuito habilitado.

Quien practica motociclismo puede elegir recorridos expresamente habilitados y compatibles con la conservación. Ante una duda, corresponde consultar a las autoridades competentes y a las comunidades antes de ingresar, respetando las normas y los derechos de quienes habitan el territorio.

Si observamos daños o circulación en sectores prohibidos, podemos registrar el lugar, la fecha y lo ocurrido desde una posición segura, y comunicarlo a la autoridad patrimonial (Subsecretaría de Patrimonio Cultural, Caseros 962), al municipio o a la policía. La reparación debe quedar en manos de equipos autorizados: mover piedras o improvisar desvíos puede agravar el problema.

Quien disfruta de recorrer la montaña puede comprender lo que significa perder un camino que otros construyeron, utilizaron y cuidaron durante generaciones. Conocer el daño obliga a revisar nuestras decisiones. Respetar una restricción permite que el camino siga disponible para sus habitantes y para quienes vendrán después.

El patrimonio es de todos. Eso nos da el derecho a conocerlo y la responsabilidad de cuidarlo. En los caminos donde la circulación motorizada está prohibida, la conducta que corresponde es clara: no ingresar con vehículos.

 

Texto: Christian Vitry (Director General de Preservación e Investigación. Subsecretaría de Patrimonio Cultural. Secretaría de Cultura. Gobierno de Salta).

Fotografías: Christian Vitry y Programa Qhapaq Ñan Salta. 

CAMINOS ANCESTRALES Y MOTOCICLETAS: UN DAÑO QUE NOS AFECTA A TODOS

Un camino ancestral puede conservar siglos de historia y perder una parte irremplazable de ella en unos pocos minutos. Circular en motocicle...